Fitness

Antonella Ruiz Díaz, la profesora de health que llegó al bronce en los Juegos Paralímpicos y la lucha invisible por conseguir sponsors

Hasta hace cuatro años, Antonella Ruiz Díaz no conocía mucho sobre atletismo ni tenía thought de cuál period la técnica para lanzar una bala o un disco. Repartía sus días entre sus estudios de Educación Física en Gualeguay, las clases de health que dictaba en un gimnasio de su Gualeguaychú natal y la práctica de otros deportes, una sana costumbre que le había inculcado su mamá. Pero en 2017, mientras jugaba al básquetbol en la facultad, el entrenador Gustavo Briozzo le vio condiciones y la invitó a ir de acompañante a un torneo de atletismo adaptado en Chaco. Y el viaje le cambió la vida.

En ese certamen descubrió que tenía un talento pure para los lanzamientos. Entonces la entrerriana, que por su baja estatura puede competir en categorías paralímpicas, se animó a probar una disciplina nueva para ella. En apenas un par de temporadas se convirtió en una de las atletas más destacadas del país y hace poco más de un mes, en Tokio, se colgó la medalla de bronce en bala F41. Hoy, mientras se prepara para volver a su rutina ordinary, sueña con que ese resultado ayude a cambiar la realidad de los deportistas argentinos.

“Necesitamos que haya mucho más apoyo. No es fácil andar solo por este camino. Nosotros salimos adelante como podemos y nos las arreglamos para representar a Argentina y dejar la bandera bien alta. Pero ojalá esta medalla marque un antes y un después. Aunque no solo mi resultado, porque en Tokio hubo muchísimos chicos talentosos que por ahí no ganaron medallas, pero trajeron un diploma o tuvieron muy buenas actuaciones. Ojalá todo genere un cambio positivo”, reflexiona Ruiz Díaz, de 24 años, en charla con Clarín.

"En Gualeguaychú, la gente me dice que conoció el deporte adaptado gracias a mí", afirma Ruiz Díaz. Foto AP/Eugene Hoshiko

“En Gualeguaychú, la gente me cube que conoció el deporte adaptado gracias a mí”, afirma Ruiz Díaz. Foto AP/Eugene Hoshiko

Sus actuaciones a nivel internacional, por lo pronto, ya tuvieron un efecto en sus coterráneos.

“En Gualeguaychú, la gente me cube que conoció el deporte adaptado gracias a mí. Que por seguirme en Tokio, se terminó prendiendo a la tele y mirando a otros atletas. Y que se dieron cuenta que tenían una imagen equivocada de las personas con discapacidad y que hay mucho más por conocer. Yo misma no sabía que existía el para atletismo hasta que comencé a practicarlo. Antes competía con deportistas convencionales”, asegura. 

Antonella cuenta que desde que volvió de los Juegos, no es lo mismo caminar las calles de su ciudad. “En todos lados cruzo gente que no conozco y que me reconoce. Es bastante lindo. Cuando regresé, aunque me había dado negativo el hisopado, tuve que aislarme por diez días así que no me hicieron un gran recibimiento en Gualeguaychú, y mucha gente se quejaba por eso. Tuve que salir a explicar en las redes sociales que había sido por pedido mío, para respetar el protocolo. Fue gracioso”, relata.

-Más allá de ese reconocimiento, ¿cambió en algo tu vida ahora que sos medallista paralímpica? 

-La verdad, no. Ahora estoy de vacaciones, aprovechando para ponerme en forma de nuevo para volver a dar clases de health. Hace dos años que no hago health porque estuve enfocada en los entrenamientos para los Juegos, así que tengo estoy tomando las clases de mi mamá, que también se dedica a esto. Cuando vuelva a mi rutina ordinary, volveré a trabajar en el gimnasio y a entrenarme. De ahora en más voy a viajar a Buenos Aires para trabajar en el CENARD una vez por mes. Y cuando esté preparando algún torneo importante, me voy a instalar allá dos o tres meses para ponerme bien a punto.

Ruiz Díaz, que está becada por el Enard y la Secretaría de Deportes, explica que en Gualeguaychú no hay lugares adecuados para los entrenamientos de lanzamientos. “Hace falta que se arreglen las instalaciones que existen, sobre todo para los chicos que están empezando en el atletismo. Ojalá algún día se pueda hacer”, se ilusiona.

En esa ciudad, en la que hay un solo círculo de lanzamiento “bastante precario”, trabaja la parte física en un gimnasio que le pone a disposición las máquinas. Para pulir la técnica propia de sus disciplinas debe aprovechar sus viajes al Centro de Alto Rendimiento del barrio de Núñez.

El año pasado, cuando en medio de la pandemia no podía viajar, terminó practicando los lanzamientos en un campo cerca de su ciudad. Pero en marzo pasado se mudó temporariamente a Buenos Aires, donde vivió los seis meses previos a Tokio para poder entrenarse de la mejor manera.

“El deporte adaptado y los Juegos Paralímpicos tienen mucha menos difusión y son menos conocidos entre la mayoría de la gente que los convencionales, lo que hace más difícil que se acerquen nuevos sponsors. Es complicado”, reflexiona Ruiz Díaz, repasando esa realidad que el toca vivir a ella y a muchos de sus colegas. “Ojalá un día se nos dé el espacio y la importancia que creo que merecemos”.

Un rápido viaje hacia el podio de Tokio

Ruiz Díaz lleva el deporte en la sangre. “Hay bastante talento deportivo en mi familia. Todos hacen algún deporte de manera recreativa, hasta mi abuela.”, comenta.

Ella incursionó desde muy chica en el vóleibol, el handball, el tenis, el hockey y el básquetbol, motivada por su mamá. En su adolescencia, se enganchó con el futsal. Hasta que llegó ese viaje sorpresivo a Chaco en 2017, en el que descubrió una nueva pasión. 

En los Parapanamericanos de Lima 2019, Ruiz Díaz fue oro en disco y plata en bala. Foto Instagram @antord_ok

En los Parapanamericanos de Lima 2019, Ruiz Díaz fue oro en disco y plata en bala. Foto Instagram @antord_ok

“Cuando estaban por competir las chicas de mi categoría, Gustavo me preguntó si me animaba a participar. Yo ni sabía lo que eran una bala y un disco. Le dije que sí, pero que no sabía cómo hacerlo. Vino el profesor Bernardo Pignataro y me enseñó la técnica. Y como les gustó cómo me defendí, me invitaron a ir a concentrar una semana al mes en Buenos Aires con la selección. Empezó todo como un juego”, recuerda.

Su carrera fue meteórica. En 2019, en un torneo en Brasil, consiguió su clasificación oficial (F41), que la habilitó a competir internacionalmente. “Hasta ese momento no estaba tan enganchada, porque acá no tenía rivales. Pero cuando fui a ese certamen, me interesó más y me puse las pilas para entrenar”, recuerda.

Ese mismo año, ganó el oro en disco y la plata en bala en los Juegos Parapanamericanos de Lima, experiencia que la hizo enamorarse definitivamente del atletismo, y fue subcampeona en esa última prueba en el Mundial de Dubai.

El atletismo le cambió la vida más allá de lo deportivo. Es que como los viajes empezaron a interferir con sus estudios, Antonella terminó por abandonar la carrera de Educación Física. 

“Me perdía clases, no entendía alguna materia y me atrasaba demasiado. Por eso me anoté para el profesorado de health, que podía hacer en Gualeguaychú. Me encantó, porque se trabaja con adultos, con los que me entiendo mejor que con los chicos. Hasta la convencí a mi mamá que la hiciera”, comenta.

Después del Mundial de Dubai, pasó dos años sin competir por la pandemia. Hasta que en este 2021, llegó el momento de Tokio y su debut paralímpico. Y en la capital japonesa, la rompió. Porque con la mejor marca de su carrera (9,50 metros), fue tercera en lanzamiento de bala, competencia que ganó la tunecina Raoua Tlili, con récord mundial de 10,55.

“Fue una experiencia hermosa, no tengo palabras para describirla. Lo disfruté desde el primer al último día”, cuenta la entrerriana que ya proyecta un nuevo objetivo: París 2024. 

Related posts

El entrenamiento con el que Chenoa consigue lucir cuerpazo

admin

El health encauza su recuperación con la mirada atenta al endeudamiento

admin

Patry Jordán comparte sus trucos más saludables y health

admin

Leave a Comment