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La UE y la agricultura verde: ¿tendrá el mismo coloration en América Latina? | Las noticias y análisis más importantes en América Latina | DW

La nueva política agraria común (PAC) de la Unión Europea (UE) entrará en vigor en 2023. Y los responsables de Bruselas comienzan a hacer pedagogía, también con sus socios más allá del mar. Tanto la PAC como la estrategia “Farm to Fork”, de la granja a la mesa, se enmarcan en el Pacto Verde que pondrá a los miembros del membership europeo “match for the longer term”, para cumplir con los compromisos del Acuerdo de París.

Para ello, la manera de producir, procesar y consumir alimentos debe cambiar: en eso, al parecer y por lo menos sobre el papel, han coincidido esta semana el comisario Janusz Wojciechowski y el ministro de Agricultura de Argentina, Julián Domínguez. Para lograrlo, la estrategia de la UE prevé, a partir del 2023, ciclos cortos de distribución, menos uso de pesticidas y apoyo a los pequeños productores.

¿Qué significará esto para los socios del sur que se han especializado en producir para la exportación hacia los países europeos?

Largamente esperado

“En la nueva política que va a seguir la UE con su estrategia ‘Farm to Fork’, hay metas interesantes que las organizaciones de la sociedad civil venimos pidiendo desde hace mucho tiempo:  reducción de pesticidas químicos en un 50 por ciento, de fertilizantes en 20 por ciento y, de los antimicrobianos para la cría bovina y acuicultura en 50 por ciento”, explica a DW Larissa Packer, especialista en derechos humanos y socio-ambientales de comunidades indígenas y rurales.

“Interesante es también el planeado incremento del 25 por ciento del área cultivable de orgánicos, la preferencia de la producción native y los circuitos cortos. El punto, para América Latina, está en que los tratados de comercio van a tener capítulos de obligatorios de sustentabilidad, con mecanismos de sanciones en caso de incumplimiento”, señala Packer, que trabaja desde Rio de Janeiro para Grain, una organización internacional sin fines de lucro, que apoya a pequeños productores y a sistemas orientados a conservar la biodiversidad.

“Celebramos la nueva estrategia europea, sobre todo, por el impacto que puede llegar a tener en nuestros territorios. Hace muchos años que cuestionamos el modelo agroindustrial dominante, impuesto en nuestro país desde 1996, cuya base de transgénicos, agrotóxicos y fertilizantes sintéticos que ha tenido devastadoras consecuencias”, comenta a DW, por su parte, Marcos Filardi, de la Pink de Abogados por la Soberanía Alimentaria, en Argentina.

Por qué cambiar

Cabe recordar que, en Argentina, el 100 por ciento de la soja, el 96 por ciento del maíz, el 100 por ciento del algodón y dos variantes de papas son transgénicas; algo imposible, por lo menos hasta ahora, en la UE.

“De la mano de este modelo, orientado a la exportación, ha habido profundas transformaciones en nuestros territorios: desplazamientos, deforestación, pérdida de productores, cambio de la ganadería extensiva de pasto por corral, aumento de los cánceres y enfermedades neurodegenerativas, y malformaciones tanto en pueblos rurales fumigados como en la ciudad, pues los agrotóxicos están presentes en el agua y en el aire”, afirma Filardi.

Con este trasfondo, ¿la estrategia ‘Farm to Fork’, que también prevé derechos para los animales, podría apuntar a beneficios hacia un futuro más sustentable de los socios en América Latina?

Para Filardi, “que la UE cuestione los modos en que Argentina hoy está produciendo los alimentos que se exportan, va a redundar en una mejora de las condiciones de producción acá en nuestro país, si va acompañado de un planteo de soberanía alimentaria. En la actualidad, esto no se cumple: tenemos altos niveles de desnutrición aguda y obesidad, que esconde carencias nutricionales altísimas. Es decir, más allá de lo que plantee la UE y la calidad que nos demande para la exportación, es central que decidamos qué modelo queremos.”

Coexistencia de verde y marrón

Packer va más allá, basándose en las cantidades de agrotóxicos y pesticidas prohibidos en Europa, que se siguen exportando a América Latina, y que vuelven, en la soja, por ejemplo, con un residuo nocivo mayor al límite permitido:

“En los países exportadores se va generar una demanda estructural del paquete tecnológico, de biotecnología, de sistemas de trazabilidad, de transgénicos de nueva generación y biofertilizantes de propiedad intelectual, para cumplir con las exigencias del mercado europeo. En este momento, en Brasil, hay ya política de bioeconomía y economía round. A la vez, hay un esfuerzo por que agrotóxicos altamente peligrosos pasen a ser solo peligrosos.”

¿Cómo se entiende esto, entonces, para los países que van a seguir produciendo para la UE en el contexto de su Pacto Verde? La UE, concluye la especialista de Grain, va a consumir menos, y lo que consuma se producirá en zonas orgánicas, sostenibles, con trazabilidad”, responde Packer. “Pero las empresas agroquímicas actuales -impactadas por las reformas- seguirán exportando para las zonas de consumo native, que van a mantener su producción ‘marrón’ para los mercados internos de África, Asia y América Latina.”

(rml)

 

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